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Bolivia

Los “hermanos” policías y militares

25 de septiembre de 2026 · Hernán Maldonado

Por Hernán Maldonado

Hace un par de semanas me pregunté si la ascensión al mundo político del excapitán de policía Edman Lara no despertará celos en filas militares…

Algunos lectores se sorprendieron y lo menos que me dijeron es que estaba “meando fuera del tacho”.

Hace un par de días, el amigo García Ross escribió: “Algo que no creí ver.
Las FFAA estarán subordinados ante un ex Paco”. (Si Lara fuera vicepresidente, jugaría papel preponderante en los ascensos castrenses).

Obvio que falta todavía la segunda vuelta de las elecciones y realmente difícil saber quién ganará. El pedófilo del Chapare se frota las manos porque cree que con el 20% de los votos nulos que se adjudica, el dueto Rodrigo Paz-Lara “fácilmente” acumulará un 52%.

En efecto, Evo Morales está propugnando la candidatura de Paz-Lara. Este martes instó a sus ovejitas a que voten por Lara, porque eso “no significara que desaparezca el evismo”.

El pedófilo cree que el futuro gobierno (al puro estilo chavista) será una amalgama cívico-militar-policial. Una imbecilidad.

Recordemos el pasado reciente. En abril de 1952 civiles y policías derrocaron al gobierno e infligieron severa derrota a los militares que sostenían a ese régimen en las calles de La Paz y Oruro.

Al triunfo de la Revolución Nacional, fue cerrado el Colegio Militar y los policías pisaban fuerte. Por primera vez desfilaban orondos con ametralladoras pesadas y morteros de 81mm, arrebatados a los militares.

Cuando años después se reabrió el Colegio Militar los choques con los policías eran la noticia de los domingos. Cadetes se ambos institutos se batían a puñetazos en el Prado paceño y no precisamente disputándose el amor de colegialas. Hasta llegaron a usar sus espadines.

Las disputas cesaron con amenazas de dar de baja a los autores de esos enfrentamientos callejeros.

En 1960 en un desfile cívico en La Paz, los dragoneantes, jefes de escuadra del Regimiento Ayacucho, fuimos los únicos a los que se nos entregó municiones.

Nuestro abanderado, detrás de la banda de música, ya llegaba a la esquina de la Mercado y la Loayza, para doblar hacia la Municipalidad, cuando cadetes de la Academia de Policías, que bajaban por la Loayza trataron de cortarnos el paso. Rápidamente el comandante de batallón, un capitán apellidado Zapata, nos ordenó que lo impidiéramos.

–¿Y si no podemos, mi capitán?, le pregunté.

–Primero ¡disparen una ráfaga al aire!, ordenó. Creo que lo demás lo dejó sobrentendido.

Me vuelve a la cabeza lo escrito por García Ross sobre “el paco” Lara…

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