“O nos unimos o nos matamos entre todos”
Por Hernán Maldonado
“O nos unimos o nos matamos entre todos”. Esta frase es atribuida al escritor colombiano Gabriel García Marquez. En términos parecidos se expresó hace años el político venezolano Henry Ramos Allup.
La frase es pertinente aplicarla hoy a Bolivia donde campea el desacuerdo, el encono, la rivalidad, el odio sembrado por el cacique cocalero Evo Morales durante 20 años.
Estos días en que Bolivia se debate en una colosal crisis política, económica y social, pocos parecen entender que el daño que Morales le ha hecho a Bolivia, no es simplemente el económico, sino el social.
Fruto de su gobierno es la descomposición de Bolivia por la división propiciada por el cocalero en su “Estado plurinacional” confrontando a Oriente contra Occidente.
Pero este piso político construido con fervor y muchos millones (dejados a su albedrío por los “odiados” regímenes neoliberales que le antecedieron) no es de su invención. Morales simplemente fue el mandadero de Fidel Castro y Hugo Chávez, los déspotas de Cuba y Venezuela.
(Todavía en las redes sociales se le puede escuchar, como presidente, decirles a los bolivianos: No tenemos nada que consultar al pueblo, sino seguir las líneas que nos dan los hermanos Fidel y Hugo…).
Cuando el 2019 debió escapar al autoexilio, sus huestes estuvieron a punto de causar una gigantesca tragedia incendiando los depósitos de YPFB en Senkata. Lo que acaba de ocurrir en el Cuartel Bolívar de Viacha, es una minúscula muestra de lo que pudo haber sido.
Las huestes del pedófilo salieron a las calles de El Alto vociferando: ¡Ahora si, guerra civil, ahora si, guerra civil!
Los pobres diablos no tienen idea de lo que es una guerra civil. Simultáneamente desde México, el ignaro cocalero instaba por teléfono a sus genízaros a no permitir que entren alimentos a las ciudades… Una auténtica consigna criminal.
Y pensar que este sujeto quiere que los bolivianos no nos llamemos compañeros, camaradas, amigos… sino “hermanas y hermanos…”
Bolivia nació como una UNIDAD. Esta característica ha prevalecido en todas las circunstancias a lo largo de los dos siglos. En Ingavi, en la Guerra del Pacífico, en la Guerra del Acre, en la Guerra del Chaco, miles de hombres murieron enarbolando la bandera tricolor. JAMAS se vio una wiphala.
(La simbología es una característica peculiar de regímenes autoritarios. Lo fue en la Italia de Benito Mussolini, en Alemania de Adolfo Hitler.),
La creación (inconstitucional) del Estado Plurinacional tuvo el claro objetivo de dividir a los bolivianos (Dividir para reinar, dice el refrán) en cambas, aymaras, quechuas, guaraníes, uris, mosetenes, etc. etc.
Y el MAS, prohijado por el socialismo castrochavista, dividió también el país entre oriente y occidente, entre cambas y collas, entre ricos y pobres, entre blanquitos e indios, entre tharas y qharas, etc.
En su apogeo el cocalero y sus apandillados aplastaron a bala y palo a quienes se oponían a sus atropellos. Desbarataron esa colosal oposición encabezada por Santa Cruz, Beni y Pando (La Media Luna) con las masacres de El Porvenir, La Calancha, Hotel las Américas, etc.
A nadie de los habitantes de esas regiones se le ocurrió salir a las calles a gritar: ¡Ahora, si guerra civil! Miles salieron al exilio, centenares fueron encarcelados sin misericordia, como el gobernador de Pando, Leopoldo Fernández.
Fue indigno que el general Gary Prado se lo enjuiciara sin motivo y se le obligara a asistir a las audiencias judiciales postrado en una camilla, por ser parapléjico. Su “delito” fue haber capturado al Che Guevara (héroe del cocalero), cuando una banda cubana invadió Bolivia en 1967.
¿Cuál el “éxito” de Morales para aglutinar en torno suyo a tantos miles de seguidores?
La respuesta es fácil y no es receta boliviana. “Divide y reinarás”, decía el emperador romano Julio César. Esto lo tuvieron en cuenta los comunistas rusos y muchos años después los socialistas radicales.
Hugh Thomas, ese formidable historiador británico, escribió en dos tomos la historia de la Guerra Civil española. El país no solo estaba dividido regionalmente entre catalanes, vascos, andaluces, etc. sino entre los que apoyaban la monarquía y los que querían la República.
El caldo de cultivo fue la cantaleta de que los pobres, en todos los países son una mayoría, lo eran por culpa de los ricos. La carnicería a lo largo de 3 años de guerra civil fue más de un millón de muertos (Título de uno de los libros de la magnífica trilogía de José María Gironella).
En nuestro continente, a fines de los 50 Fidel Castro y sus barbudos se apoderaron de Cuba enarbolando las banderas de la justicia social, de la lucha contra la tiranía de Fulgencio Baptista y contra el “imperialismo norteamericano” que, según los revolucionarios, habían convertido a Cuba en un prostíbulo y un casino.
Cuando estaba aún en la Sierra Maestra, Fidel Castro fue entrevistado en mayo de 1957 por el periodista estadounidense Robert Taber. Había ya en Washington sospechas sobre las verdaderas intenciones del barbudo líder. Sin que le quede nada por dentro Castro respondió a la pregunta: “En el Movimiento 26 de Julio no hay ideas comunistas ni marxistas-leninistas”.
(Dos años después se declaró marxista-leninista y sus ovejitas gritaban en las calles: “Si Fidel es comunista, que me pongan en la lista”).
Miles de esos “revolucionarios” ya han muerto y sus hijos y nietos hoy deambulan en las ciudades cubanas en medio de una atroz pobreza, sin alimentos, medicinas, combustible, agua y electricidad. ¡Ah!, pero claro, los hijos de Fidel y Raúl Castro se pasean por el mundo en lujosos yates en medio de fortunas incontables.
El militarote Hugo Chávez Frías, también en nombre de los pobres se apoderó el poder en Venezuela a fines de 1998. Tuvo los santos riñones de alentar públicamente la delincuencia: “Si un pobre roba para comer, no comete delito”, dijo en una encendida arenga en el paseo Los Próceres.
Venezuela pudo ser hoy un país del primer mundo. Cuando Chávez asumió la presidencia, el petróleo costaba una media de 20 dólares el barril. En años posteriores llegó a cotizarse hasta en 120.
Se calcula que la colosal fortuna llegó hasta los 800.000 millones de dólares durante su gobierno. Los despilfarró exportando la revolución cubana a través de su Socialismo del Siglo XX, que jamás explicó en qué consiste, y manteniendo a millones de vagos sin trabajar y prestos siempre a votar por él o para apalear a sus adversarios en las calles.
“Sin pan y sin empleo, con Chávez me resteo”, gritaban los “Juan Bimba”. Aunque se les acabó la mamadera, aún hoy miles de esos individuos añoran a su “comandante”, aunque están buscando en los basurales por algo de comida.
¡Ah, pero claro! Centenares de jerarcas chavistas disfrutan de los millones robados. El que era testaferro de Nicolas Maduro, acaba de declararse culpable en Miami de lavado de dinero y otros delitos y aceptó pagar 195 millones de dólares a EE.UU.
(La Revista Forbes, nadie salió a desmentirla, publicó hace tiempo que una de las hijas de Chávez tiene una fortuna calculada en 4.000 millones de dólares. Alguna vez declaró que se había ganado ese dinerito vendiendo de puerta en puerta productos Avon…).
Mucho antes de Castro y Chávez, Juan Domingo Perón, fue el padre de los “descamisados” argentinos. Cuando fue derrocado todos creyeron que se había acabado el peronismo. Craso error. Sus sucesores lo revivieron con sus desgobiernos, de modo que décadas después propiciaron su retorno.
Con su bandera de lucha por los pobres, los “carenciados”, los modernos peronistas Nestor y Cristina Kirchner se apoderaron del poder. Robaron a manos llenas con una docena de compinches y la guardia vieja sindicalera corrupta.
Se calcula que Cristina, que nunca ejerció como abogada, acumuló una fortuna cercana a los 500 millones de dólares. Actualmente está en prisión domiciliaria y sus huestes luchan por volver al poder el 2027. Parece que les importa un bledo el desastre que dejó como gobierno el peronista Alberto Fernández.
Y respecto a este infeliz, golpeador de su esposa y “pistola alegre” con secretarias y artistas, tuvo el descaro de alcahuetar a Evo Morales cuando el cocalero llegó a Argentina prendido de su damisela con la que se concubinó siendo ella menor de edad.
Peor todavía, cuando cambió el gobierno en Bolivia y asumió Luis Arce Catacora, tuvo la desvergüenza de acompañar hasta la frontera a Evo Morales, congratulándonos: “Por fin Bolivia tuvo un presidente con cara de boliviano”.
Se confirmó como un soberano racista. Ya antes había dicho que los brasileños descienden de los árboles, pero que los argentinos vinieron de Europa…
Por razones de extensión, no voy a detallar, porque es historia reciente, lo ocurrido en Ecuador y la manipulación de los indígenas por Rafael Correa; en Perú de Pedro Castillo y los pachamamistas del sur del país o la Colombia de Gustavo Petro, tan amigo de los narcoguerrilleros por lo que está en la lista de la OFAC de Estados Unidos. Lo de Brasil, es aparte, porque Lula da Silva está bien con Dios y con el diablo…
“México lindo y querido, si muero lejos de ti…” comenzaba una antigua canción. Hoy es una utopía. Nadie muere lejos, miles mueren en su propio suelo, a balazos, porque el narcotráfico se apoderó del país con el amparo de Morena, el partido político del diletante Andrés Manuel López Obrador.
Según este charlatán de feria barata, la corrupción es mala, pero tiene su lado positivo porque crea capital y fuentes de trabajo…
Lo peor es que durante su gobierno crecieron las narco-mafias. Como presidente no tuvo empacho en hacer parar su vehículo para ir a saludar a la madre del Chapo Guzmán, un supercapo del narco, encarcelado en Estados Unidos.
“Con los narcos, abrazos y no balazos”, fue su infeliz consigna.
La justicia norteamericana hoy busca la extradición del gobernador Rubén Rocha Moya por sus vínculos con los narcos de Sinaloa y una docena de sus funcionarios. Hace un mes le quitó la visa a Andrés López Beltrán, hijo del expresidente, devenido en multimillonario.
La presidenta, Claudia Sheinbaum, defiende ardorosamente a los indiciados y lo que exige es que EE.UU. presente pruebas de la razón por la que los quiere juzgar.
El gobierno de López Obrador fue un desastre, pero logró imponer, a billetazo “limpio” la candidatura y el triunfo de su testaferra, Claudia Sheinbaum.
Y es que, como en los países donde se ha enraizado el socialismo castro-chavista, la repartidera de dinero entre los pobres da resultado. López Obrador lo afirmó sin ponerse colorado: “Hay que mantener a los pobres en la pobreza, porque ellos son los que nos votan…”
No fue original. Esto mismo le había dicho Hugo Chávez al que era su presidente de industria petrolera, el general Guaicaipuro Lameda.
El quid de la cuestión es que en todos los casos el discurso de los socialistas del Siglo XXI es exacerbar el odio de clases. Decirles a los pobres que lo son, por culpa de los ricos. Los empresarios son los “chupasangres”.
Este es el estribillo actualmente en la España de Irene Montero e Ione Belarra, las abanderadas de Podemos, el grupículo comunista de Pablo Iglesias. Olvida esta abanderada de los “pobres” que cuando Iglesias era vicepresidente de Pedro Sánchez, adquirió una mansión en Galapagar de 500.000 euros…
Como he expuesto, estos socialistas abanderados de los pobres lo son solo en el discurso. El portaestandarte de ellos en Bolivia, Alvaro Garcia Linera, antes de ser vicepresidente del cocalero vivía extendiendo la mano. (Recibió dinero de un jerarca del MNR para hacer proselitismo y nunca cumplió. ¿Por eso será que nunca habla mal ni se refiere a esa persona?)
Nunca trabajó y parece que tampoco estudió matemáticas (porque demostró su ignorancia en aritmética elemental), pero es un gallo engatusando a ovejitas. ¿Recuerdan que dijo a unos campesinos que si no votaban por Evo el sol se va a ocultar, la luna ya no va a salir…?)
Se aprovechan de la necesidad de la gente y abusan de su ignorancia.
Actualmente Bolivia atraviesa un momento crítico. Tras la era masista se creía que el nuevo gobierno reencausaría al país por la senda democrática.
Lamentablemente se advierte que el cuerpo corrupto del aparato estatal no se ha desmantelado. Lo peor es que a la legua se ve que Rodrigo Paz no tiene un equipo para conducir al país y debe echar mano de los masistas corruptos y así le va.
“Ser masista no es un delito”, dice sin avergonzarse el vocero presidencial.
Hay una honda decepción de la ciudadanía. Hay quienes piensan que no debe romperse el hilo constitucional y esperar al menos hasta el tiempo de un eventual revocatorio, pero es que la economía de Bolivia se está yendo al bombo, sin diesel ni gasolina.
Casi el 80 por ciento del empleo es informal. La administración pública, el sistema judicial no muestran signos de cambio positivo y la ciudadanía se decepciona cada día más.
Por si fuera poco, el vicepresidente Edmand Lara, es un lastre difícil de llevar porque cada vez es más evidente que es el Caballo de Troya del masismo.
A este desastre se suma el escándalo del asesor Fernando Cerimedo, que sigue al misterio de las 22 maletas con dineros provenientes del exterior, lo de las barras de oro que estaban siendo exportadas, los negociados con la gasolina basura, etc. etc.
10 meses de gobierno como para olvidar.
Y lo peor es que en medio del desgobierno resurge el regionalismo, el odio fratricida, los altiplánicos, andinos, los masca-coca pisotean la bandera de Santa Cruz en su feudo del El Alto y los cruceños reciben también andanada de insultos porque se atribuyen ser los que alimentan a Bolivia. No pocos, incluso al más alto nivel, despotrican contra el andinocentrismo y los collas…
El profesor Gonzalo Chávez describió la situación dramática:
“Bolivia enfrenta una combinación poco envidiable de problemas: caída del Producto Interno Bruto (PIB), inflación elevada, déficit fiscal creciente, reservas internacionales en mínimos, escasez de combustibles, instituciones colapsadas y una sociedad polarizada y cansada de la crisis. Más del 80% de la población activa se refugia en el sector informal, sin acceso a redes de protección estables. El diagnóstico es claro: para restaurar los equilibrios macroeconómicos básicos será necesario un ajuste clásico, inevitable y probablemente severo…”
El gobierno ha hecho tan poco en 10 meses que deja casi nada para la esperanza y mucho menos para el optimismo.
La situación es grave. El editorial de El Día de Santa Cruz, la describió: … “así lo llamen “cadáver político” al cocalero Morales, tanto él como la enorme cantidad de criminales políticos que abundan en el país son capaces de estrangular a los bolivianos, dejarlos sin comer, tumbar gobiernos y poner de rodillas a quien venga, y no hay policía ni fuerza armada capaz de evitarlo…”
Estamos, pues, al filo de la navaja. El expresidente Jorge “Tuto” Quiroga dijo hace poco que se avecina un cataclismo si no se actúa de inmediato.
El pedófilo dice que el 90% de los bolivianos quiere que vuelva a gobernar. Olvida que él recibió un país en prosperidad, exportando gas a Brasil y Argentina y que hoy las vacas están flacas. Peor aún. Ya no existen. Lo que creo que Morales hizo la encuesta en su reducto narco cocalero del Chapare, porque la mayoría de los bolivianos no lo quiere de regreso.
Pero si como dice el editorialista de El Dia, él y sus huestes son capaces de tumbar gobiernos y poner de rodilla a quien venga, lo que harán es que se desate ese cataclismo que teme Quiroga y que en pocas palabras quiere decir: Guerra civil.
Entonces, vuelvo al título: “No unimos o nos matamos entre todos”.
Amanecerá y veremos.
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