Bolivia en terapia intensiva
Por Hernán Maldonado
El primer ministro inglés, Winston Churchill, cuando decidió que había que enfrentar a la Alemania nazi, o morir en el intento, no habló de las potencialidades de su país ni de pajaritos preñados… Lo que le ofreció a su pueblo fue: «sangre, sudor y lágrimas».
En Bolivia, en 1985, el presidente Víctor Paz Estenssoro, que accedió al poder gracias al desprendimiento del general Hugo Bánzer Suárez, primero en la votación popular, pero que cedió paso en la elección parlamentaria, pronunció su dramática frase: «Bolivia se nos muere».
40 años después, Víctor Paz repetiría hoy su frase, porque la Bolivia que dejaba las muletas y se ponía de pie en los años posteriores a 1985, fue destruida en los 20 años de la kakistocracia masista. Lo peor, una crisis colosal con pérdida de valores y sumida en el narcotráfico.
El profesor Gonzalo Chávez describió esta semana la situación dramática:
«Bolivia enfrenta una combinación poco envidiable de problemas: caída del Producto Interno Bruto (PIB), inflación elevada, déficit fiscal creciente, reservas internacionales en mínimos, un tipo de cambio fijo insostenible, escasez de combustibles, instituciones colapsadas y una sociedad polarizada y cansada de la crisis. Más del 80% de la población activa se refugia en el sector informal, sin acceso a redes de protección estables. El diagnóstico es claro: para restaurar los equilibrios macroeconómicos básicos será necesario un ajuste clásico, inevitable y probablemente severo…»
El diagnóstico es de un enfermo terminal y la solución, como en 1985, no provendrá de solo una persona, de un partido, sino como escribió esta semana el editorialista de El Día de Santa Cruz, de todos los que se oponen al modelo del MAS que ha hundido en el fango a Bolivia.
Será inevitable algo parecido al 21060 y su brutal costo social, pero de enorme significado político. Hay que destruir la farsa del «Estado plurinacional» y volver a la república. ¿Con qué se come eso?, preguntaría un desnortado compatriota ganado por la decepción.
El ex ministro Carlos Sánchez Berzaín, un estudioso politólogo a quien hoy mismo le consultan políticos de muchos países del continente, piensa que la reconstrucción de Bolivia debe comenzar con un simple decreto que restaure la Constitución Política del Estado de 1967… (Por DS se implantó la actual).
Por tanto no sería necesaria una Constituyente, como ofrecen algunos candidatos (medida a largo plazo) y de inmediato empezaría la reconstrucción de los órganos del Estado, eliminando (por ejemplo) el TCP, la elección de jueces (imponer la meritocracia), con la libertad de todos los presos políticos y la vuelta de miles de exiliados, y terminar con todo el absurdo andamiaje jurídico-político creado por el masismo cocalero.
La tarea será difícil porque desde ahora los que serán desplazados del poder están prometiendo violencia al por mayor.
A esto se refiere el editorialista de El Dia: «Uno de los tantos hechos que quedaron demostrados hace poco con el bloqueo de 24 días es que, así lo llamen «cadáver político» al cocalero Morales, tanto él como la enorme cantidad de criminales políticos que abundan en el país son capaces de estrangular a los bolivianos, dejarlos sin comer, tumbar gobiernos y poner de rodillas a quien venga, y no hay policía ni fuerza armada capaz de evitarlo…»
(Yo sí, creo que hay. «Si un león conduce a la guerra a 100 perros, estos lucharán como leones, pero si un perro conduce a 100 leones, estos lucharán como perros».)
Y el editorialista concluye: «Hoy no basta con tener apoyo popular, con ganar elecciones y encabezar las encuestas. Se necesita de una combinación de varios factores, que incluyen, por supuesto, la popularidad y al mismo tiempo, capacidad de atender un paciente terminal en materia económica, social, política, pero también moral. Necesitamos recuperar la producción… salvar la justicia y la democracia, sacar a Bolivia del fango del narcotráfico, revitalizar las industrias estratégicas y darle un horizonte de viabilidad al país. Eso no lo puede lograr una sola golondrina; hace falta el concurso de toda la bandada».
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