Bolivia: ¿El MAS da para mucho MAS?
Muchos de mis amigos leyeron la primera parte y no la segunda (o al revés) y por eso ahora la publico en una sola toma. Saluditos y QDLB.
Bolivia: ¿El MAS da para mucho MAS? (1)
Por Hernán Maldonado
El Movimiento al Socialismo (MAS), un parto del castrochavismo del Siglo XXI, cumple 20 años mandando en Bolivia y en vísperas de las nuevas elecciones presidenciales hay la «certidumbre» de que será echado del poder este 17 de agosto.
Perdonen mi cuasi pesimismo, pero yo diría: Ni tanto que queme al santo, ni tan poco que no alumbre.
Y es que el castrismo, primero, y el chavismo, después, orquestaron hábilmente la narrativa de que hay un socialismo capaz de sacar de la pobreza a millones de personas, que son las que conforman las mayorías nacionales en el continente.
La cantaleta amplificada en todas las formas llegó a oídos receptivos y el castrismo gobierna aún Cuba desde hace 66 años. Los únicos que han salido de la pobreza son los de su nomenclatura. Solo hay que ver la vida regalada de los hijos y nietos de Fidel y Raúl Castro, mientras La Habana se desmorona ladrillo a ladrillo y miles buscan comida en los basureros.
En Venezuela miles de pobres se conformaban con calaminas que les obsequiaban sus gobernantes para que construyeran sus ranchitos que proliferan alrededor de las ciudades. El ¡tírame algo!, era la consigna. Pero en esa pobreza, millones de venezolanos tenían acceso a la educación gratuita, atención sanitaria… Nadie buscaba, como hoy, comida en los basureros.
Entonces apareció el militarote Hugo Chávez Frías sembrando de odio el corazón de los venezolanos. Culpó a los ricos de la pobreza en el país. Llenó de odio y envidia los corazones de almas sensibles.
En su primer discurso en Los Próceres ante la guarnición militar dijo: «Si un pobre roba para comer, no comete delito…» Entonces miles de pobres salían a las calles gritando enfervorizados: «¡Con hambre y sin empleo, con Chávez me resteo»), es decir daban el resto, iban hasta el final.
La delincuencia se desató en toda Venezuela. Hasta el sol de hoy, no hay casa o apartamento que no tenga, su puerta de entrada antecedida por una reja de hierro.
Aprovechando la cuadruplicación de los precios del petróleo (llegó a venderse hasta en 150 dólares el barril), Chávez compró lealtades nacionales internacionales. Hizo lo que le vino en gana. Los estudiantes que salían a protestar eran cruelmente reprimidos. «Echénmeles gas del bueno», exhortaba a sus esbirros.
Con los torrentes de dinero, Venezuela pudo ser un país del primer mundo. (Su ex ministro de finanzas, Rodrigo Cabezas, actualmente encarcelado, reveló que Chávez y sus compinches hicieron desaparecer alrededor de 300.000 millones de dólares). Una de las hijitas del militarote vive actualmente en el «maldito imperio» (Chávez dixit) y Forbes calcula su fortuna en $us 4.000 millones.
Pero Chávez estaba interesado en convertirse en líder mundial a billetazo limpio. Fidel Castro quiso imponer sus ideas en el continente por la vía armada y fracasó. Chávez lo haría con el bolsillo, con la plata de los venezolanos.
Metió en su canasta ideológica a Guyana (enemigo ancestral de Venezuela por lo del Esequibo), a Honduras de Zelaya, Argentina de los Kischner (¿Recuerdan los $us 800.000 regalados a la campaña electoral de CristinaK?), a Mujica de Uruguay, a quien le obsequió millones para la refacción del Hospital de Clínicas. Se encompinchó con el diletante Rafael Correa de Ecuador, así como con Lula, de Brasil… ¡Ah! Y se puso en el bolsillo a la cadena de paísitos-islas del Caribe regalándoles crudo a través de PetroCaribe. ¡Claro! Se adueñó, por tanto, de la OEA, con Miguel Insulza…
Bolivia le fue MAS fácil…
(Mañana les cuento)
Bolivia: ¿El MAS da para mucho MAS? (2)
(Continuación)
A pesar de su buen programa de gobierno, Goni Sánchez de Lozada no ganó las elecciones con la primera mayoría en el parlamento y debió aliarse con otras fuerzas políticas en lo que se llamó «la democracia pactada». Fracasó.
Cada quien buscaba una tajada mayor en el gobierno. Luchaban por sus intereses, no por amor patrio. El gobierno, además, dormía con el enemigo.
Gracias a la «estupidez» del embajador norteamericano Manuel Rocha, pidiendo no votar por Evo Morales so pena de no recibir más ayuda del imperio, el caudillo cocalero llegó en segundo lugar. La bronca fue tal que Morales ganó en la elección siguiente hasta en la zona sur de La Paz.
Lo tomaron a chiste. Oía decir: Voy a votar por Evo para reírme un poco porque ni siquiera habla español y no sabe sumar ni restar… Nadie sabía entonces que Rocha era un agente cubano y que con su absurda declaración le estaba haciendo un favor al castrochavismo.
Hugo Chávez Frías, empeñado en ser líder mundial, buscaba el voto boliviano. Llenó las arcas del cocalero para una campaña millonaria hasta en el caserío más apartado del país, exacerbando el odio de clases, metiéndoles en la cabeza a los indígenas que los causantes de su pobreza son los ricos, etc. etc.
El nacionalismo de la Revolución Nacional buscó una «alianza de clases». Contrariamente, el cocalero propició la división social y geográfica. Creó la Bolivia Plurinacional (que jamás se vio en el Chaco) y alentó descaradamente la rivalidad oriente y occidente, tharas y kharas (blanquitos e indicitos), entre ricos y pobres, entre los que tiene algo y los que no tienen nada. Una monserga divisiva y fácilmente comprobable.
Se favoreció, además, de que el país no tenía deuda externa y que los gobiernos anteriores le dejaron ingentes recursos de exportación con el gas y el petróleo. Bolivia pasó a vivir en jauja. El despilfarro fue brutal. Se calcula que se dilapidaron alrededor de 60.000 millones de dólares en obras insulsas (como el puente sobre un río que no existe, en Tarija) y en meterle mano a la lata.
Esa portentosa riqueza, como jamás tuvo gobierno alguno anteriormente, se acabó hace 10 años y hoy Bolivia toca fondo, estirando la mano limosnera, sin combustibles, medicinas, dólares, con su consecuencia del alza del costo de la vida, paros, huelgas, bloqueos. Caos en general.
Así y todo, pese al colosal desastre, hoy los tres candidatos masistas, Andrónico Rodríguez, Eva Copa y Eduardo del Castillo tienen intenciones de votos, ¿qué ronda el 16%?
¡Claro! Todas las encuestas sostienen que hay un 35% de votos indecisos que creen que irán a Samuel Doria o Tuto Quiroga. Lo mismo se decía hace 5 años cuando el 1-2 lo hacían Carlos Mesa y L.F. Camacho. Los indecisos resultaron ser voto masista y Luis Arce fue el elegido. ¿Estaremos por repetir eso?
Pero ¿por qué los masistas tienen aún ese caudal de votos cuando el país tras sus 20 años de gobierno está quebrado?
No solo no sale de sus cabezas la monserga sembrada por el castrochavismo de que la lucha política en nuestros países es de los que tienen y los que no tienen, de pobres contra los ricos, de los que alfabetos y de los ignorantes, de los andinos y de los orientales, etc. etc.
Una encuesta en El Alto da cómoda ventaja a Andrónico. ¿Cuál la explicación?
Hasta un sociólogo aficionado diría que es usual que el poder económico busque tener el control político.
Esto me lleva a pensar en la «choliburguesía», de pequeños, medianos y grandes empresarios, dueños de los cholets, de edificios, de flotas de autobuses, camiones de transporte, contrabandistas, etc, etc. que son los «dueños» de la populosa urbe, la mayoría capaces de hacer grandes negocios, pero que intelectualmente son mediocres, como su candidato.
«Líder de los pobres», se hace llamar Evo y los indígenas que lo siguen, lo hacen instintivamente porque lo consideran uno de los suyos, por más que nunca «el pobre indiecito», (Nicolás Maduro dixit) les haya hablado en aymara, quechua o guaraní.
No hay que perder de vista el poder del narcotráfico, como se ve en Cuba, Venezuela, Colombia, México, Honduras, Brasil, Argentina (Rosario), Ecuador, Perú, amén de que el voto en áreas rurales vale el doble que el de las ciudades. ¿Se depuró el padrón electoral?
Pero además hay una identificación de clase social, envenenada por la cantaleta demagógica. Pervive de una u otra manera en el país esa Bolivia descrita por Alcides Arguedas en su Pueblo Enfermo y que tan magistralmente la expone en su libro Gustavo Adolfo Otero en la caracterización del cholo [engendro del criollo (a su vez engendro español e india) con india].
Ese cholo que es resentido social, envidioso, altanero, prepotente, acomplejado, descrito por Fausto Reinaga en su libro «El indio y el cholaje boliviano». El cholaje, dice, es «sangre prostituida, alma podrida, espíritu corrompido y corruptor; una naturaleza humana llena de pus». (¿Pensaría en el caudillo cocalero?)
Yo diría, en este Siglo XXI, que no es tanto, pero de que los hay, los hay.
Otero parece resumirlo en un latín macarrónico (Muy intelegible): «Cholibilis nunca bonus, e si bonus, nunca perfectuam, per quo cholibilis, Semper cholibilis».
O sea que mientras en Bolivia no desaparezca ese complejo de culpa del pobre indiecito, del explotado por el «rico», el resentimiento social, la envidia, etc. etc. habrá MAS del MAS. A menos, claro está, que alguna vez concretemos la alianza en lugar de la lucha de clases.
Amanecerá, pero ya no lo veré.
Julio 2025
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