Cuando el periodista es la «noticia»
Por Hernán Maldonado
A 70 años de haber incursionado en el periodismo, ya pocas cosas me sorprenden, pero no por ello dejan de llamarme la atención.
Uno de los primeros consejos sabios (quizás advertencia) la recibí de mi maestro, amigo y colega, don Julio Borelli, quien me dijo: Un periodista sirve a moros y cristianos y debe guardarse sus propias emociones.
Ese consejo se me quedó grabado en la piel hasta el sol de hoy. Mis hijos y nietos saltan emocionados ante jugadas extraordinarias o victorias resonantes y yo me mantengo impertérrito en mi sillón…
Ya en mi adultez, tuve un jefe de redacción en la United Press International, Paul Varian quien en un memorando nos recordaba a cientos de sus periodistas en el mundo: A un soldado histérico en el campo de batalla, se lo fusila; a un periodista… simplemente se lo echa de una redacción.
¿A qué viene todo esto?
Infobae, el portal argentino con 3 millones de visitas diarias, publicó ayer destacadamente una nota exclusiva dedicada al periodista boliviano que «se emocionó hasta las lágrimas» por la victoria de su equipo ante Brasil en partido de las eliminatorias sudamericanas.
Por si hubiera dudas, copió parte del relato en la que el periodista, con la voz rota por la emoción, anuncia que «Bolivia vuelve a un Mundial», para corregirse inmediatamente de que se clasifica para un repechaje…
Un querido colega en el Mundialito de Cali, hace 50 años, cuando dije que veía pocas posibilidades de nuestro equipo ante Brasil y Perú, públicamente me espetó: Maldonado, lo que pasa que tú, ya no eres boliviano… (8-0 y 5-0 me dieron la razón)
Lo ocurrido con el periodista boliviano el martes es «noticia», quizás solo por lo del llanto aguantado, pero es moneda corriente ya a lo largo y ancho del mundo desde que los clubs tienen sus periodistas contratados para relatar sus partidos. Moneda corriente en Estados Unidos y en varios países europeos. Esos periodistas se ponen la camiseta del club que les paga.
En el otro caso está ese malsano nacionalismo que se pone por encima de toda racionalidad. ¡Mi Bolivia, mi Bolivia vuelve a un mundial!, grita el microfonero, algo que todavía no es verdad.
O la verdad ¿es que ya no soy boliviano, como me dijo el colega?
De mozalbete había un juego colegial: ¡Hágase odiar! ¿Volví?
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