“O nos unimos o nos matamos entre todos” (Tres)
Por Hernán Maldonado
(Continuación)
Mucho antes de Castro y Chávez, Juan Domingo Perón, fue el padre de los “descamisados” argentinos. Cuando fue derrocado todos creyeron que se había acabado el peronismo. Craso error. Sus sucesores lo revivieron con sus desgobiernos, de modo que décadas después propiciaron su retorno.
Con su bandera de lucha por los pobres, los “carenciados”, los modernos peronistas Nestor y Cristina Kirchner se apoderaron del poder. Robaron a manos llenas con una docena de compinches y la guardia vieja sindicalera corrupta.
Se calcula que Cristina, que nunca ejerció como abogada, acumuló una fortuna cercana a los 500 millones de dólares. Actualmente está en prisión domiciliaria y sus huestes luchan por volver al poder el 2027. Parece que les importa un bledo el desastre que dejó como gobierno el peronista Alberto Fernández.
Y respecto a este infeliz, golpeador de su esposa y “pistola alegre” con secretarias y artistas, tuvo el descaro de alcahuetar a Evo Morales cuando el cocalero llegó a Argentina prendido de su damisela con la que se concubinó siendo ella menor de edad.
Peor todavía, cuando cambió el gobierno en Bolivia y asumió Luis Arce Catacora, tuvo la desvergüenza de acompañar hasta la frontera a Evo Morales, congratulándonos: “Por fin Bolivia tuvo un presidente con cara de boliviano”.
Se confirmó como un soberano racista. Ya antes había dicho que los brasileños descienden de los árboles, pero que los argentinos vinieron de Europa…
Por razones de extensión, no voy a detallar, porque es historia reciente, lo ocurrido en Ecuador y la manipulación de los indígenas por Rafael Correa; en Perú de Pedro Castillo y los pachamamistas del sur del país o la Colombia de Gustavo Petro, tan amigo de los narcoguerrilleros por lo que está en la lista de la OFAC de Estados Unidos. Lo de Brasil, es aparte, porque Lula da Silva está bien con Dios y con el diablo…
“México lindo y querido, si muero lejos de ti…” comenzaba una antigua canción. Hoy es una utopía. Nadie muere lejos, miles mueren en su propio suelo, a balazos, porque el narcotráfico se apoderó del país con el amparo de Morena, el partido político del diletante Andrés Manuel López Obrador.
Según este charlatán de feria barata, la corrupción es mala, pero tiene su lado positivo porque crea capital y fuentes de trabajo…
Lo peor es que durante su gobierno crecieron las narco-mafias. Como presidente no tuvo empacho en hacer parar su vehículo para ir a saludar a la madre del Chapo Guzmán, un supercapo del narco, encarcelado en Estados Unidos.
“Con los narcos, abrazos y no balazos”, fue su infeliz consigna.
La justicia norteamericana hoy busca la extradición del gobernador Rubén Rocha Moya por sus vínculos con los narcos de Sinaloa y una docena de sus funcionarios. Hace un mes le quitó la visa a Andrés López Beltrán, hijo del expresidente, devenido en multimillonario.
La presidenta, Claudia Sheinbaum, defiende ardorosamente a los indiciados y lo que exige es que EE.UU. presente pruebas de la razón por la que los quiere juzgar.
(Continuará)
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