La “pepa” mundial de Presencia
Por Hernán Maldonado
La semana pasada se cumplió un año más de la muerte del guerrillero argentino-cubano Ernesto “Che” Guevara y las redes sociales se llenaron con la última fotografía antes de su muerte.
Pensar que el matutino boliviano Presencia fue el primer diario en el mundo en publicarla…
Esta es la historia de la sensacional “pepa”, como llamaba a las primicias su directora, Ana María Campero.
Con Anita hicimos una buena amistad cuando trabajábamos en la United Press International (UPI), en Washington DC (Amistad que se rompió cuando volvió a Bolivia, pero esa es otra historia).
Cuando asumió el cargo, me ofreció la subdirección, pero yo ya había dado mi palabra para trabajar en la versión en español de The Miami Herald.
Un domingo, el jefe de redacción del Herald, Tony Espetia, exunipresser como yo, me ofreció ir juntos al diario. Vivíamos cerca en Kendall. Acepté, aunque él, por su cargo, entraba a la 1 de la tarde y yo a las 3.
Mientras esperaba que comenzara mi horario, me dediqué a hurgar los libros llegados a la redacción, para su reseña, que no habían entrado aún en circulación.
Allí estaba el libro Shadow Warrior de Félix I. Rodríguez, el agente de la CIA que interrogó al Che, vestido como militar boliviano, en la puerta de la escuelita de La Higuera antes de ser ejecutado.

Llamé a Presencia buscando a Ana María, pero quien me contestó al teléfono fue el subdirector Mario Maldonado (sin parentesco mío). Le referí el asunto y le dije que se lo enviaría.
Eran tiempos en que no había aún el teléfono móvil. Redacté unas 400 palabras e incluí la foto en un sobre, confiado en enviarla por el LAB, cuando terminara mi turno en el periódico.
El avión partía a las 11 de la noche y Mario me prometió que alguien de Presencia estaría en el aeropuerto de El Alto para recibirlo.
Cuando terminé de trabajar y me disponía a partir, recordé que ese día no tenía mi auto. Le conté al buen Tony mi problema y él, generoso, me dio las llaves de su auto.
Bajé apresurado al estacionamiento y cuando me metí me di cuenta que el auto era sincrónico y yo hace añales que manejaba solo automáticos.
No sé cómo es que llegué al aeropuerto. Encontré un “cara conocida”. Era un exayacuchense, mucho menor que yo. Le conté el asunto y le entregué el sobre abierto, para evitar dudas, advirtiéndole que un hombre de Presencia lo esperaría en El Alto.
Según mis cálculos, la historia con la foto debió publicarse un martes. Nada. Recién apareció el día siguiente. Ana María me llamó para darme “infinitas gracias” por la pepa, a tiempo de explicarme por el retraso debido a otra información urgente aquel martes.
Sea como sea, la primicia la tuvo el diario boliviano. Pensar que ahora la histórica foto aparece en medios de todo el mundo…
Así nomás fue.
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