¡60 años! Fue ayer nomás…
¡60 años! Fue ayer nomás…
Por Hernán Maldonado
Cuando aquél 7 de octubre de 1966 el sacerdote preguntó a la feligresía de María Auxiliadora en La Paz: ¿alguien se opone a este matrimonio?, sentí alivio que mi abuela ya no estuviera en este mundo.
De haber estado, estoy seguro que, con voz firme, de aguerrida cochabambina, hubiera dicho: «Me opongo porque se trata de dos jovenzuelos que no tienen idea de la vida y usted sabe, padre, que matrimonio de pobres… fábrica de menesterosos».
María Regina Alvarez Portocarrero, era estudiante de segundo año de la facultad de Filosofía y Letras y yo, cursaba el quinto año de la carrera de Derecho en la UMSA.
Estábamos dando un paso enorme en nuestras vidas y creo que no éramos conscientes de ello.
Dividía mi tiempo entre la universidad y mis trabajos como periodista en la Corporación Deportiva Borelli y Radio Fides. Mis ingresos solo cubrían alimentación.
Mis suegros, que vivían en Argentina, tras despojarse de sus propiedades en Irupana, nos dejaron su apartamento en un inmueble en Sopocachi, pero yo desde el comienzo quise levantar mi propia tolda.
Fue remar contra la corriente. Me exigía a fondo. Mucho más cuando 11 meses después llegó mi primogénito. En la Corporación don Julio Borelli, en lo que pudo, me aumentó el sueldo. En Radio Fides, el padre José Gramunt, al que amenacé con renunciar si no me aumentaba, me dijo: «Mira Maldonado, aquí eres imprescindible, pero no insustituible».
No obstante, el buen maestro, colega y amigo, poco después me consiguió el puesto de Director de Comunicaciones del Episcopado, gracias a monseñor Genaro Pratta. De paso, el buen cura me hizo co-corresponsal de la Agencia EFE y como redactor de la Agencia de Noticias Fides.
Doña Bertha Alexander de Alvéstegui, hija del dueño de Ultima Hora, veía en West Coast mi trabajo en las mañanas para EFE y me pidió que la colaborara como corresponsal de ANSA. Lo hice. ¡Ah! Y mi amigo, ese monumento al Derecho, que era el Dr. Carlos Tovar Gutzlaff, consiguió que fuera, por horas, el jefe de Relaciones Públicas del Consejo Nacional del Menor.
Mis jornadas empezaban a las 7 de la mañana de lunes a domingo y terminaban a las 11 de la noche. Simplemente no podía resistir mucho tiempo y puse los ojos en salir al exterior. Mi cuñado, Justo Alvarez, afincado en ese país, me consiguió la, por entonces difícil, visa para Venezuela.
Tras tres años, por mis ocupaciones periodísticas y políticas, reanudé mis estudios hasta aprobar mis exámenes de licenciatura y grado. Me encerré tres meses en casa. En ese lapso se había producido la ruptura en la Democracia Cristiana con la salida de su juventud (Yo era el secretario general de la juventud en La Paz). No tuve nada que ver en eso, pero en la Dirección Nacional se me veía como un «traidor».
Un día a mi llegada a Radio Fides, el padre Gramunt me anunció que me tenía una buena noticia. Dijo: Anoche estuve en una recepción y Mario Mercado, que debes conocerlo, me pidió que le recomendara a alguien joven que sea periodista y abogado. ¡Hombre!, le di tu nombre…
Le agradecí, pero yo ya había tomado la decisión de poner pies en polvorosa. Me sorprendí meses después que el ministro de Gobierno del nuevo presidente Hugo Bánzer Suárez (impuesto en buena cuenta por la minería mediana), fuera el joven abogado y periodista Alfredo Arce Carpio).
El temor de dar un enorme salto hacia lo que parecía una aventura, se disipó una mañana. La dueña de casa del apartamentito que teníamos en la Iturralde desalojó del patio a Regina y al bebé, llevado allí para que tomara el sol. «Yo no les alquilé con el patio más», tronó.
La miseria humana con su más feo rostro. No pude más. Regina cargó con Mauricio y Miguel, de 2 y 1 años, respectivamente, a Argentina para vivir con sus padres, mientras yo me instalara en Venezuela.
Mauricio me ha seguido y tras pasos por The Miami Herald, AOL, Sun Sentinel y la cadena de TV CBS, ahora es Director de Comunicaciones para un hospital de renombre en el Sur de la Florida. Miguel es jubilado de la Policía de Miami-Dade (El día que se jubiló tronaron en su honor los altoparlantes del Aeropuerto Internacional de Miami dándole la despedida).
Gran mérito en la formación de mis muchachos es de su madre. Porque siempre estuve trabajando los fines de semana (la mayor parte de mi vida periodística la dediqué a la cobertura deportiva), ella se encargó de ponerlos en la senda del triunfo.
Y ahora se están cumpliendo 60 años desde que todo esto comenzó.
¡Bendito sea Dios!
Fotos: Aquél 7 de octubre de 1966. En el matrimonio de Mauricio, de etiqueta, hace 25 años. En, casa al cumplir los 50 años y recientemente, en estos 60 años, en la Parroquia de Lourdes, tras un retiro de Emaús.




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