Culpa del tendero y la caserita
Culpa del tendero y la caserita
Por Hernán Maldonado

El padre de familia recibió como herencia un almacén repleto de mercaderías, listas para la venta. Fue instruido de cómo proceder para resurtirse, de cómo tratar a la clientela, para no perderla y de invertir para no depender en el futuro de préstamos bancarios.
Ese padre de familia, lo que hizo fue mostrarles a su mujer y sus hijos la abundancia de arroz, azúcar, harina, fideos, aceite, enlatados de todas clases, refrescos, golosinas, etc. etc. y empezaron a comérselo todo.
En lugar de vender, como fue instruido, ese irresponsable padre de familia se dedicó a viajar llevándose a su prole, descuidando completamente el negocio.
Cuando estaba en la ciudad, el padre de familia dispuso que los sábados y domingos no abriría porque tenía que jugar al fútbol con sus amigotes. O visitar a sus compinches en el interior del país.
Obvio que el negocio se fue al diablo en cuestión de poco tiempo.
Acuciado por las necesidades crecientes, el padre de familia palió la escasez en su hogar con algunos préstamos del tendero de la esquina y de la caserita del mercado.
Hasta el oro de las joyas de la abuela las pignoró. Tocó fondo. Cayó en cuenta que no había MAS ¡platitaaa!
El manirroto despilfarrador de la riqueza que recibió empezó a estirar la mano limosnera.
Pero ya el tendero de la esquina y la caserita del mercado lo conocían como un pésimo pagador y le negaban todo.
Los hijos hambrientos y necesitados de todo le exigían que los alimentara, cuidara de su salud, los vistiera, pagara por su educación, etc. y ese padre de familia le echaba la culpa del desastre al tendero y la caserita por no prestarle más dinero.
Creo que pasó lo mismo en un país, cuyo nombre no quiero acordarme, pero cuyo presidente culpa a su parlamento por no aprobarle los créditos para seguir viviendo del PRESTADO y mantenerse usufructuando del poder.
Lo soñé, ¿o es así?
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