Los militares como floreros chinos

bomaher
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Los militares como floreros chinos

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Los militares como floreros chinos

Por Hernán Maldonado

Los militares en Cuba, Venezuela y Nicaragua, principalmente, han sido convertidos en poco más que floreros chinos y esta la razón por la que se mantienen en el poder las férreas dictaduras castrochavistas.

Desde hace tiempo, y más desde el 28 de julio, miles se preguntan ¿por qué las fuerzas armadas no se pronuncian en Venezuela, hacen respetar la soberanía popular expresada en el voto y mandan al exilio a Nicolás Maduro y su grupo de malhechores?

La pregunta es más pertinente si se toma en cuenta que miles de militares custodiaron los centros de votación, supieron de primera mano que por abrumadora mayoría (casi 7 millones de votos contra 3 millones) ganó el opositor Edmundo Gonzalez Urrutia y se convirtió en el presidente electo de Venezuela.

Todavía más. El Alto Mando militar tiene en su poder las actas oficiales del escrutinio, que hasta ahora no muestra el régimen marrullero. Por si fuera poco, esos mismos escrutinios demuestran que en barrios otrora de sus simpatizantes, perdió el chavismo. Lo que es peor, en centros militares, como Fuerte Tiuna, el ganador fue González Urrutia…

María Corina Machado, la valiente líder que tejió esa victoria con la destreza y paciencia de un orfebre, creyó que la rotunda victoria sería el acicate para que los militares pusieran pies en polvorosa a Maduro y su corte de malvivientes castrochavistas.

…¡Y no pasó nada! (hasta el sol de hoy).

¿Por qué?

Simplemente porque los militares en las dictaduras del socialismo del Siglo XXI han sido convertidos en poco más que floreros chinos.

El antecedente histórico quizás se remonta a octubre de 1981 cuando fue asesinado el líder egipcio Amwar Sadat mientras observaba un desfile militar conmemorativo de la guerra del Yon Kippur. Un comando de miltares fundamentalistas lanzó granadas y ametralló el palco oficial matando a Sadat.

Hace algunos años, asombrado por ls crímenes y abusos de opositores en Cuba, pregunté a ex militar cubano, si todos ellos eran castristas para cerrar los ojos ante tan horrorosa forma de gobernar.

En Cuba, me dijo, los militares no tienen ningún poder de fuego. A los que les dan armas, no les dan municiones. Toda institución militar, en todos los niveles, cuenta con chivatos (delatores, espías) bien pagados y nadie se anima ni a abrir la boca. Los arsenales se manejan al margen de los militares y los poseedores de las llaves rotan en el cargo…

Y eso no es nada, continuó. Hay completa incomunicación entre guarniciones. Por ejemplo lo que se hace en un cuartel, no lo saben los del otro cuartel, por más que sean de la misma arma. Peor todavía, agregó, un comandante de una guarnición o sus oficiales, tienen prohibido comunicarse con otros, por ningún motivo.

Eso mismo ocurre en Venezuela, en Nicaragua. Recuerdo que en tiempos de Hugo Chávez se les prohibió a los militares sintonizar a radioemisoras y televisoras independientes o de criterios antigubernamentales a los miles de soldados, jefes y oficiales de Fuerte Tiuna, la principal guarnición de Caracas.

Chávez instaló la también la pésima costumbre de promover a oficiales por encima de las jerarquías naturales solo por su lealtad política. El espionaje interno estuvo a la vista de Chávez, al punto que inundó Venezuela con gigantografías de solo sus ojos, para que nadie dude de que el “amo” los vigila a todos.

Su sucesor Maduro se esmera en continuar esa desfachatez y el resultado es la existencia de más de 300 militares presos, varios desaparecidos, lo mismo que sus familiares.

Otra manera de controlar cualquier descontento castrense es “licenciar” a los militares sospechosos para que permanezcan en sus casas, con goce de sueldo.

Por supuesto que los altos jefes militares (en la Venezuela de Maduro hay 1 general por cada 200 soldados, mientras en Estados Unidos hay 1 por cada 10.000) son remunerados hasta con bonos en dólares, les permiten importar sin impuestos autos lujosos, etc. etc.

De Nicaragua… ni hablar. La dupla Ortega ha superado cualquier límite al despropósito y no se exagera cuando se afirma que el dictador Anastasio Somoza, era un niño de pecho comparado con la actual satrapía.

En Bolivia la narcodictadura de Evo Morales siguió al pie de la letra la receta chavista. Apenas instalado en el poder, el cacique cocalero eliminó a dos primeras promociones de militares. Aceptó un regalo de Chávez de 5 millones de dólares para “refaccionar” los cuarteles (dineros que causaron una corrupción que llevó a varios militares a la cárcel) y los dejó aparentemente satisfechos de por vida otorgándoles una jubilación completa, algo que solo ellos tienen en la siempre atribulada Bolivia. ¿Sigo?

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