EE.UU. La democracia admirable

bomaher
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EE.UU. La democracia admirable

Mensaje por bomaher » Dom Sep 15, 2019 12:21 pm

EE.UU. La democracia admirable

Por Hernán Maldonado (*)

Winston Churchill, el gran estadista inglés, dijo el 11 de noviembre de 1947 en la Cámara de los Comunes: “…se ha dicho que la democracia es la peor forma de gobierno, excepto por todas las otras formas que han sido probadas de vez en cuando”.

Y Estados Unidos es ciertamente un ejemplo de esa democracia que ya quisiera la mayoría de los países del mundo, porque la democracia, en esencia, es nada más ni nada menos que el instrumento de la libertad, en su más amplia acepción.

Obvio que no es la democracia perfecta como no lo es la conducta humana pero se acerca a ella en medio de las imperfecciones porque al fin y al cabo no se inscribe dentro de las ciencias matemáticas, sino dentro de las ciencias sociales.

Este 11 de septiembre se cumplieron 18 años del atentado de las Torres Gemelas en Nueva York, solo comparable con Pearl Harbor. No fue feriado. Nadie fue obligado a izar sus banderas a media asta, ni asistir a ceremonias conmemorativas. Mucho menos hubo reproches a quienes se alegraron de la tragedia, como Hebe de Bonafini, la “abuela de la Plaza de Mayo”.

Desde muchos rincones del mundo se repitieron, sin prueba alguna, las infamias de que lo del 11S fue un autoatentado. Los zurditos no desaprovechan oportunidad alguna para denostar contra el “imperio”. Ignoran que los autores intelectuales se ufanaron de haberlo orquestado.

Pero, ¿son solo los zurditos? Los que se refocilan con las desgracias estadounidenses. De ninguna manera. Hasta los propios norteamericanos son los que se empeñan en minar los cimientos de su admirable estructura democrática.

Esta semana Estados Unidos fue barrido de la posibilidad de conseguir alguna medalla en el torneo Mundial de Básquetbol al haber llevado un equipo de cuarta categoría porque es una colosal verdad que los norteamericanos tienen el potencial de conformar no uno, sino hasta tres equipos invencibles en ese deporte.

Lo que pasa es que esos superastros que ganan cada uno más de 40 millones por año (algunos hasta más de 100) se niegan a vestir los colores nacionales. Muchos son los que, cuando en las canchas se entona el himno nacional, se hincan (en lugar de permanecer parados), dizque en protesta contra la discriminación racial…

Paradójicamente quienes derrotaron al equipo estadounidense en China, son jugadores representando a sus países, pero que juegan en la celebérrima NBA.

¿Esto es nuevo? No. Comenzó en los Juegos Olímpicos de México-68 cuando los norteamericanos ganadores de medallas subían al podio enarbolando su puño izquierdo.

En el reciente campeonato mundial femenino de futbol, Megan Rapinoe, virtualmente apartó de su lado la bandera de las barras y las estrellas cuando una de sus compañeras quería que la ondeara en celebración de la conquista del título. Encabezó el boicot para que el equipo no visitara la Casa Blanca, como es tradicional, por considerar que el presidente Donald Trump “es misógino, racista y antiinmigrante”.

Empero, la democracia es tan sólida, que no pasa nada. Los estadios siguen llenándose para admirar y aplaudir, a sus héroes multimillonarios, así estos se nieguen a vestir la casaca nacional o rechacen enarbolar la bandera que, a costa de la vida de miles de sus soldados, ha llevado la libertad a medio mundo. Así nomás es.

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