Huáscar Cajías y Presencia

bomaher
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Huáscar Cajías y Presencia

Mensaje por bomaher » Vie Jul 12, 2019 3:56 pm

Huáscar Cajías y Presencia

Por Hernán Maldonado (*)


El libro “Presencia, una escuela de ética y buen periodismo”, compilado por mi amigo y colega Juan Carlos Salazar me ha traido a la memoria a un personaje del Derecho y el periodismo a quien conocí en mi temprana juventud y a quien admiré sin retaceos: Huáscar Cajías K.

En el libro, todos quienes lo conocieron y trabajaron con él, escriben admirados sobre sus amplios conocimientos, su elevada moral, su convicción democrática y su acendrado catolicismo.

Cajías era Presencia y Presencia era Cajías. Cuando dejó el diario tras 34 años de dirección, empezó la debable hasta la desaparición hace 19 años de un diario que enalteció en grado sumo al periodismo boliviano.

Lo conocí cuando Presencia pasó de semanario a diario. Siempre de cuello y corbata, con unos ojos escrutadores, con lentes transparentes, debajo de unas pobladas cejas, parecía un hombre de pocas palabras. Su sola presencia inspiraba respeto.

En su primera sede, en el último piso del edificio Frigo, en la avenida Frías, Cajías y todos los periodistas teníamos escritorios en un enorme salón lleno de ventanas, sin oficinas cerradas para nadie.

Un día los reporteros informaron de la muerte del cónsul de Bolivia en Chile. La noticia fue publicada en primera plana. Al día siguiente la familia aclaró que el cónsul estaba muy enfermo, pero que no había muerto.

Los que parecían cadáveres al día siguiente en la redacción eran todos los periodistas. Nadie osaba levantar la voz. En eso llegó Cajías, como si no hubiera sido informado del desmentido familiar. En ese denso silencio, alguien anunció – como para que lo escucharan todos, que la Associated Press mandó un cable informando de la muerte del cónsul.

Caústico, como a veces era, el director echando una bocanada de humo de su cigarrillo, dijo sarcástico: Bueno, mañana, también en la portada que salga la noticia que diga: “Confirmando nuestra noticia primicial, ha muerto…” Se rompió el hielo, pero Cajías ni sonrió.

Muchos años después volví a encontrarme con Cajías. Había llegado a México como simple periodista para la cobertura de la visita del Papa Juan Pablo II. Nos invitó a un almuerzo a Juan Carlos Salazar, corresponsal de la dpa alemana y a mi, enviado desde Venezuela por la United Press International. Allí, Cajías nos dio lo que estimo hasta hoy lo que parece un sarcasmo, pero que en el fondo es una verdad, de lo que es un corresponsal de una agencia noticias: “Es un periodista experto en generalidades”.

Pero mucho antes fue mi catedrático en Criminología, (era un experto a nivel latinoamericano y hasta hoy conservo los dos tomos de su libro). Dictaba cátedra. Nada de improvisación. Lo que parecía árido lo explicaba fluido y con los ejemplos que daba invitaba tácitamente a leer famosos libros.

Pero era muy exigente en los exámenes. Recuerdo que aquél primer año de Derecho, de 350 alumnos, solo aprobaron 30. Eran tiempos en que los alumnos no hacían huelgas de hambre en contra de profesores exigentes. Mas bien eran objeto de admiración y Cajías lo era mucho más entre las muchachas porque envidiaban a su esposa. Todos los mediodías lo veían por El Prado rumbo a su hogar caminando con un ramo de flores.

Enterado de su rigurosidad académica virtualmente memoricé los dos tomos de su Criminología. Me ufanaba. “A mi no me va a aplazar”, afirmaba. Muy seguro de mis conocimientos, me senté ante el tribunal y me todó el tema del Alcoholismo. Por espacio de unos 7-10 minutos me explayé y creía ya escuchar al adusto examinador diciéndome: Suficiente. Tome asiento, prueba clara de que había aprobado. Pero no. Súbitamente el Dr. Cajías me preguntó: ¿Y qué quiere decir delirium tremens? El sagaz examinador se había dado cuenta que me había aprendido el libro de memoria, sin saber los significados… “Tremendo delirio”, doctor. Le dije y me mandó a mi asiento. Fue la única materia que reprobé en mis cinco años en la UMSA.

Años después seguí ya muy poco la carrera del Dr. Cajías, pero supe que había adecentado la Corte Nacional Electoral. Hoy debe revolcarse en su tumba al ver cómo están destruyendo su magnífica obra.

(*) Hernán Maldonado es periodista. Ex UPI, EFE, dpa, CNN, El Nuevo Herald. Por 43 años fue corresponsal de ANF de Bolivia.

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