Bolivia. El “papá” Estado, abusador

bomaher
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Bolivia. El “papá” Estado, abusador

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El “papá” Estado, abusador

Por Hernán Maldonado

Un 8 de noviembre hace 2 años, uno de los pocos ministros de la gestión de Jeanine Añez que entregó su despacho fue Iván Arias, a su sucesor en el ministerio de Obras Públicas, Edgar Montaño.

El flamante funcionario, agradeció la presencia del Arias en el acto de entrega y le invitó, “pese a las diferencias ideológicas, a aportar en la conciliación de los bolivianos”.

“Es de hombres estar aquí y entregar un despacho; hay que reconocerlo. El pueblo nos ha dicho también que quiere respirar paz”, sostuvo Montaño, elegantemente vestido de negro, corbata amarilla y una guirnalda colgada al cuello. (Muy propio de un profesional… dice ser ingeniero).

Eso de “respirar paz” fue una bonita retórica que se la puso en el bolsillo trasero, a lo Melgarejo, porque pronto apareció como el “henchman” (anglicismo que describe al seguidor fiel, o vasallo político, preparado para cometer delitos o realizar prácticas deshonestas como forma de servicio).

Parecía haber salido de las escuelas de matonaje castro-chavistas para organizar sus grupos de choque, especialistas en romper cabezas, hasta de matar a balazos. El paramilitar hizo debutar a uno de sus grupos en Oruro, en la fiesta departamental, uniformaditos y hasta con boinas azules…

Con motivo del paro cruceño exigiendo censo 2023, acudió a la capital oriental con sus apandillados para que el pueblo pueda “respirar en paz…” Trasladó a cientos de milicianos a desbloquear las rotondas con custodia policial. ¿Alguien sabe lo que cuesta el traslado de esos matones desde otras ciudades bolivianas? ¿Se podría precisar el monto gastado en vituallas, alimentos, alojamientos, viáticos, costo de los cohetones, dinamitas, etc. etc.?

Todo esto, ¿es “aportar a la conciliación de los bolivianos”, como prometió hace dos años el ingeniero?

Esta semana hemos visto a sus capangas desfilar grotescamente por la Plaza Murillo en apoyo a Luis Arce Catacora. El ministro, que una hora antes encabezaba --megáfono en mano—la “barra brava” oficialista en el parlamento, ahora los hacía saltar, sin soltar el altoparlante, a sus huestes. Una completa pantomima.

Un guaripolero de primera. Ojalá que le hubiera puesto el mismo entusiasmo o hubiera mostrado eficiencia para que sean juzgados los pillos descubiertos en una fenomenal trama de corrupción en el Servicio Nacional de Caminos. ¿O será que él se protege sirviéndole de torpe henchman a Arce Catacora?

Lo doloroso fue ver entre su comparsa politiquera a padres y madres de familia, muchos quizás profesionales universitarios, técnicos, obligados a servirle al “ingeniero” para no perder el puestito en el Ministerio de Obras Públicas y otras dependencias oficiales.

Es una grosera violación de los Derechos Humanos agarrar por el estómago a un ciudadano y su familia. ¿Lo entenderá el henchman masista?

Amanecerá y veremos.

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