Tierra Lejana-- Página de Hernán Maldonado




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Domingo 10 de septiembre del 2006


LA QUINTA RUEDA DEL CARRO

Por Hernán Maldonado

El excesivo sistema presidencialista boliviano hizo que el vicepresidente de la república fuera, en muchas épocas de nuestra historia, poco menos que un cero a la izquierda.

Juan Lechín Oquendo, vicepresidente en el segundo periodo de Víctor Paz Estenssoro, se sintió tan marginado en las alturas del poder que describió al cargo como "la quinta rueda del carro".

En el periodo anterior el talentoso Ñuflo Chávez Ortiz, prefirió irse a su casa - y morirse políticamente - antes que hacer el papel de "florero" en el gobierno de Hernán Siles Zuazo.

Estos días Bolivia ha pasado al otro extremo. Alvaro García Linera, vicepresidente de Evo Morales, es el azúcar y la sal del régimen. El funcionario, inclusive violando la Constitución Política del Estado (CPE), ejerce ilegalmente funciones del Poder Ejecutivo.

El pintoresco canciller David Choquehuanca ha descripto a Morales como "la luz del continente", quizás para disimular los trajines de García Linera, el verdadero operador político del régimen.

En esa función (alguien lo ha llamado "desfacedor de entuertos") García Linera aclara un día si y otro también lo que Morales piensa o dice y hace lo que éste debiera decir o hacer.

Constitucionalmente el vicepresidente es el más prominente miembro del Poder Legislativo y sólo ejerce funciones en el Poder Ejecutivo, en ausencia temporal o definitiva del presidente.

Pero no es eso lo que vemos actualmente porque García Linera aparece al lado de Morales en cuanta entrevista de alto nivel concede el presidente en el Palacio de Gobierno y hasta lleva la voz cantante en las reuniones del tren ministerial.

Actúa como embajador plenipotenciario en gestiones ante gobiernos extranjeros y recorre el país, no como vicepresidente, sino como un activista político girando instrucciones a las huestes masistas sobre lo que debe o no hacerse.

Su injerencia en actos que no le competen fue puesta también de manifiesto con motivo del escándalo que le costó el cargo al presidente de YPFB, Jorge Alvarado. El renunciante superintendente de Hidrocarburos, Víctor Hugo Sainz, refirió cómo fue presionado por el funcionario.

Pero el propio Alvarado acusó a García Linera de meterse donde no debe, luego que el vicepresidente dijo el 4 de agosto que se halló "enormes deficiencias técnicas" tanto en YPFB como en la superintendencia.

García Linera, en su papel de activista político, no tuvo enfado la semana pasada en presionar para que los asambleistas del MAS aprobaran por simple mayoria el reglamento de debates, vulnerando no sólo el mandato de la CPE, sino la ley de convocatoria de la Asamblea Constituyente.

Y García Linera, al que alguna prensa extranjera lo presenta como el funcionario de mayor relieve intelectual del actual gobierno, sufre también de una sospechosa amnesia y no vuelve a la realidad ni siquiera por las abundantes rechiflas que recibió en Quillacollo el 15 de agosto y la semana pasada en Sucre.

El vicepresidente, además, ya no recuerda su papel de agitador-guerrillero, que incluso le valió largos años de cárcel, y ahora no desperdicia oportunidad para, en nombre de la democracia, calificar de "golpistas" a los huelguistas y bloqueadores de nuevo cuño opuestos a los planes hegemómicos del masismo.

No ha dicho una palabra sobre la decisión venezolana de construir bases militares en Bolivia (hecho por el que Paraguay ha levantado las orejas). Su silencio es más ruidoso porque, como panelista de la cadena PAT y celoso defensor de la soberania nacional, fue el artífice para que Estados Unidos abortara el 2003 su intención de construir dos cuarteles en el Chapare.

Creo que García Linera debería releer la CPE para saber las cosas que puede y debe hacer como vicepresidente, para no estar en ese trajín de gobernante parachoques, activista político, agitador y diplomático. Quizás así no eclipsará esa luz de la que nos habló Choquehuanca.





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